sábado, 12 de noviembre de 2011

Gano Cristina ¿Y ahora qué?


El domingo 23 de octubre de 2011 quedara en la memoria de los argentinos. Ese día una agrupación política llamada Frente Para la Victoria (FPV), logro la máxima diferencia de votos y apoyo popular a nivel histórico. No solo por el hecho de superar el 50% de votos y conseguir mayoría en ambas cámaras (recordemos que, a partir de este momento, posee quórum propio tanto en Diputados como en el Senado), sino por un suceso tan sorpresivo como espeluznante: la segunda fuerza política no llego ni al 20%. Con una diferencia de votos de más de 8 millones, lo cual equivale -prácticamente- a una diferencia del 300% de los votos conseguido por Hermes Binner. Con ello, el oficialismo podrá gobernar por primera vez en forma plena.
Aquella pareja que llego al poder con el porcentaje más bajo en la historia democrática Argentina, ese partido criticado infinitamente por sus métodos de bajo contenido diplomático, ese proyecto nacional que se desarrollo durante casi cuatro años aun sin tener un presupuesto aprobado por el senado (¡guau!), esa política que se cargo en su contra tanto a las minorías agrarias, mediáticas y políticas de tradición nacional como las de nivel internacional. Esa señora que hace tan solo dos años era la versión femenina del caballo, hoy, recibió un apoyo tan grande y aplastante  frente a la ineptitud de la oposición, que hasta resulta preocupante. Y lo es, por que siempre han gobernado con una fuerte oposición: la civil. La cual ha controlado minuciosamente el accionar de este gobierno. Pero hoy, eso cambio. Por primera vez en ocho años de gobiernos kirchneristas, el pueblo pudo entender en qué consiste este cambio cultural, esta transformación social y política. El pueblo pudo digerir (o, al menos, va masticándolo) este necesario cambio de paradigma.
Los jóvenes (entre los cuales me incluyo) encontraron en ese proyecto, una certera identificación.
La inteligencia con la que pudieron leer este contexto, esta coyuntura, llevo al kirchnerismo a ser la fuerza proclamada por la necesidad de cada argentino. Seguramente con sus críticas y errores, pues no hay que olvidar que cada político, bajo su manto de hombre o mujer de carácter público, no puede ocultar su humanidad. El error es siempre latente, aunque detrás (mejor dicho delante) florece un progresismo real.  Políticas de argentinos que luchan por Argentina. Personas que trabajan todos los días, “no solo” por su bienestar personal.
En ese contexto, algunos imaginan una reforma constitucional y ronda los ecos de “re re re”, pero el discurso del ganador nos dice “soy una mujer que no quiere nada más, que no ambiciona más”. Un discurso único, épico para la democracia personalista que nos han acostumbrado a padecer.
Por ello, es completamente necesario comenzar a pensar desde ya: Gano Cristina ¿y ahora qué? ¿Vendrán otra vez los pseudo-progresistas que destruyen todo avance para implementar un personalismo de unos pocos? Lo dudo, la idea es temiblemente posible, pero los argentinos nos mostramos ajenos a repetir aquellos tiempos nefastos. ¿El kirchnerismo será la solución o un problema? Eso, solo la historia nos lo podrá contestar.

El tiempo de hoy, nos indica que este es el camino a seguir. Como siempre me dijo mi padre “no hay que ser más papista que el papa”, pero tampoco tenemos que cegarnos, porque este modelo es viable, avanza, poco o mucho, pero avanza. Renueva. Transforma. Construye. Integra. Comprende las nuevas problemáticas generacionales.

Gano Cristina ¿Y ahora qué? Ahora hay que ser más argentinos que nunca, trabajar; apoyar lo bueno y criticar lo malo, pero –por sobre todas las cosas- continuar aprendiendo que la vida democrática se da en los pueblos que participan. Sin cuestionar aquí, el ¿Donde?, sino el “¿Por qué?”
¿Por qué? Espero que, a esta altura, ya lo puedo responder usted solo.