domingo, 2 de mayo de 2010

Carlos, está cansado, ha sido un largo día.

Son las cinco y media de la tarde. Estamos en abril y la primavera esta en pleno apogeo. Caros Hurtado mira su reloj y descubre que solo le faltan dos horas para finalizar su turno.

Su jefe aparece y le ordena de mala manera que revise la limpieza de los baños. Carlos sabe lo que pasa en este país, por lo que baja cabeza y hace caso sin rechistar. Lo hace por que cada ingreso, cada dinerillo que puede reunir tiene un destino: traer a su familia junto a él. Cada ganancia servirá para que su familia se acerque a -lo que él cree como- un futuro mejor.



Su jornada termina y emprende rumbo a su casa. Ya ha trabajado mas de diez hora y aun le quedan cerca de dos horas para llegar a su casa. Dormir y trabajar son su vida, pero lo hace soñando con una mañana distinto, al menos, para sus hijos. Sueña y sigue por que piensa y quiere que sus hijos tengan mejores oportunidades que las que el tuvo.

Camina por la larga avenida de XX, compra una gaseosa y se dirige a la estación subterránea. Espera el tren que lo dejara en las cercanías de su casa. Y digo cercanías por que luego deberá tomar un colectivo que lo lleve donde vive, es un PUEBLO X (cercano a Madrid). Lugar donde Eligió vivir puesto que antes de abandonar su tierra, el Ecuador, se había informado sobre un programa nacional: PROGRAMA DE JÓVENES (Averigua nombre y bases). Este programa consiste en subsidiar a familias para que se muden a los pueblos de España casi extintos de España, con el fin de evitar su desaparicion, puesto que el proceso de inmigración interna hacia las grandes ciudades es tan inmenso que los pueblos están poblados de ancianos y viven el peligro de desaparecer.


Carlos leyó este programa y –a pesar de ser ilegal- vive allí con el fin futuro de traer a su familia y que le paguen por ello. Su mujer tramita la nacionalidad y cuando venga se casara con ella y listo. Su plan es muy simple, vivir en este pueblo, para que lo vayan reconociendo los lugareños, pero trabajar en la ciudad donde la paga le permitirá traer a su familia. Y así, volver una realidad su plan inicial. Y el único lugar donde un inmigrante ilegal puede conseguir trabajo medianamente bien pago es en la ciudad. Por eso, cada día viaja a Madrid. Lugar donde cumple labores de “higiene y servicios” para una gran empresa ubicada en el corazón de la ciudad.

Espera el subte. Está cansado, ha sido un largo día. Ha trabajado y mucho, lo han insultado y rebajado por su condición latina durante varias veces en el día, pero su mente se refugia en su sueño, el cual lo ayuda a continuar.

Paga su boleta y se ubica en su banco que le da la espalda a la puerta principal. Intenta pasar desapercibido, no llamar la atención. Sabe que solo falta seis paradas y no han pasado más de dos meses desde el último incidente con la gente de su país. Solo faltan seis paradas para tener una cena caliente, una cama calentita y depositar otros 70 euros en su alcancía.

Esta feliz, pero ni sonreír quiere. En el pueblo es un bicho raro, pero solo le observan. Aquí, en la ciudad también es un bicho raro, pero no solo lo observan.

Lee el diario que encontró en los lavatorios del baño. Mientras tanto un hombre de fibrosa masa muscular ingresa. Alterado, a los gritos hablando por teléfono. Deambula de un lado hacia el otro. Insulta y sigue caminando de aquí para allá. Lo vea a Carlos y se frena frente a él. Lo observa despectivamente. El ecuatoriano sabe que lo miran, pero también sabe que no tiene, no puede, ni debe hacer nada. En términos futboleros, juega de visitante, por eso hace de cuenta que no lo ha notado.
El tipo es un español histérico y, por lo que se ve, con un pésimo día. Sus vozarrones se dejan escuchar en todo el vagón. Sus palabras dejan entrever algo relacionado a la crisis mundial y su trabajo.
Deambula y se vuelve a frenar frente a Carlos. Lo mira y sin razón alguna, lo insulta: “Sudaka de mierda”. Repite mientras saliva sobre él. El señor Hurtado tiene miedo, pero decide no defenderse, pues –sabe que- será peor para él. “Otro español reaccionario”, piensa. “Diosito, ayúdeme, mi pana”.
El español ya no deambula, habla por teléfono y tiene su mirada clavada en Carlos. Sus ojos denotan una ira gigantesca. ¡Pobre Carlos! Nada le ha hecho, ¡Ni le conoce!.



“Indio de mierda, vuelve a tu tribu (…) Sudaka de mierda” repite insultándolo reiteradamente. Cada vez se enerva más y, al ver que existe una ausencia de reacción en Carlos, la tensión del español aumenta.

“Solo tres paradas mas, Carlitos….y ya esta…recuerda..Solo tres paradas mas”, se dice a sí mismo para mantenerse tranquilo.

El español sigue insultándolo, humillándolo verbalmente. Lo trata como si fuera la peor basura del mundo. ¡A Carlos! Que en su comunidad es conocido por sus actitudes altruistas. ¡A Carlos! Una persona con instrucción académica, gran respeto por el prójimo; y, no solo eso, sino de gran humildad humana.

Una escena de violencia que no se comprende y nada hace, nada. Tras tanto insultarlo, el español vuelve a caminar de un lado hacia el otro, regresa y sin que nadie lo esperase le dice: “te vas a morir, Sudaka de mierda” y comienza a golpearlo reiteradamente en la cara. Una y otra, y otra, y otra…. Y otra vez. Las personas que observan en lugar de ayudar, se alejan y no intervienen hasta ver que Carlos esta casi inconsciente. ¡Y solo un hombre! ¡Un solo hombre intenta ayudarlo! ¿Y el resto? Mas de veinte personas en ese vagón. ¿El resto? Mira, observan y dejan entrever en sus ojos una mezcla de indignación y vergüenza, así como también, de miedo y placer frente a la golpiza de ese Sudaka.


A veces, la ficción puede ser realidad. Y si no lo crees mira...solo te tomara dos minutos
http://www.youtube.com/watch?v=5t8KfRn_46w
(El podria ser carlos)

http://www.youtube.com/watch?v=GgNGwcqq6K8
(Ella Carla o como gustes llamarla)